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El poder curativo de los perros de terapia

El poder curativo de los perros de terapia

Iris Katz [Carroll County Times]

Con las restricciones por Covid-19 sobre visitas a hogares de ancianos, hospitales, escuelas, etc., los programas de perros de terapia a nivel mundial se han paralizado o reducido considerablemente. Por suerte, una vez que se permita la reapertura de estas instituciones, se podrán restablecer estos programas altamente exitosos.

¿Por qué un residente anciano normalmente silencioso ahora conversa con el personal de dicha casa de reposo? ¿Qué hace sonreír a un paciente durante un tratamiento de quimioterapia? ¿Cómo puede un estudiante tímido leer con calma frente a sus compañeros de clase? El hilo conductor entre estos diferentes escenarios es la presencia calmante de los perros de terapia.

Los perros de terapia han marcado la diferencia en las vidas de los residentes de hogares de ancianos, hospicios, pacientes en entornos hospitalarios, niños y adultos con discapacidades y personas que necesitan una liberación emocional del estrés.

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Ellos perciben las necesidades de las personas durante las visitas realizadas por equipos voluntarios o guías. La interacción con los mismos proporciona una estimulación táctil, visual, auditiva y emocional.

Los perros también estimulan la comunicación que puede comenzar con una persona que dice «hola» al saludar al perro, para recordarle al guía sobre un perro querido que enterneció su vida y, finalmente, conversar con otras personas dentro de su entorno. Las visitas de perros de terapia programadas regularmente fomentan la anticipación, la emoción y los sentimientos de optimismo.

Sin embargo, el uso de perros para ayudar a las personas no es un concepto nuevo. Florence Nightingale fue pionera en la idea de la terapia asistida con animales y, descubrió, que los pacientes de diferentes edades que vivían en una institución psiquiátrica se alivian de la ansiedad cuando pasan tiempo con animales pequeños.

Sigmund Freud también creía que los perros podían sentir ciertos niveles de tensión por parte de sus pacientes, y usó a su perro para comunicarse con ellos. Pensó que, si estas personas se sintieran más cómodas hablando primero con su perro, más tarde se sentirían más cómodas hablando con él.

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